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APOTEÓSICO Farruquito en Perú: una noche sin precedentes (+DETALLES)

La primera presentación en Lima del bailaor flamenco Farruquito ha sido de veras apoteósica. El venía ya con los pergaminos debidos. De una familia de artistas flamencos, de padre cantaor y de madre bailaora. Su abuelo mismo fue el legendario Farruco y sus tíos, los eximios guitarristas hermanos Habichuela que han acompañado a los mejores cantaores del flamenco este último medio siglo.


Una hábil puesta en escena del espectáculo, al inicio bastante desconcertante, en la que se aprecia solo la sombra del bailaor a contra luz bailando, va dando poco a poco lugar a una escenografía mas iluminada, pero guardándose un oscuro de fondo que le da un toque caravaggiesco a la escenografía por momentos.


Poco a poco las cosas toman cuerpo en el sentido real y figurado del término.
Al presenciar el espectáculo se descubre en que y como Farruquito con talento y sensibilidad esta generando una transformación de la presentación del baile flamenco, para quitarle una cierta monotonía coreográfica en lo cual por facilismo caen muchas presentaciones. Las coreografías permiten no solo descubrir la increíble maestría técnica a la cual ha llegado su depurado arte.

En ningún momento se pierde la esencia, pues cada entrada, cada “palo” es técnicamente impecable. Los puristas no tienen a que aferrarse si quisieran afirmar, que el intérprete no nos da aquello que es esencial al arte flamenco, lo que le da su personalidad tan propia y su infinita belleza.


En algunos momentos, en los solos sobre todo, la danza alcanza el paroxismo. Estamos frente a algo halucinante , a la plasmación de un arte absoluto con momentos de belleza pura. Dicho arte alcanza por momentos niveles cósmicos, estratosféricos. Cuando les agarra a los gitanos, el duende del que hablaba García Lorca, lo mas dificil fluye sin esfuerzo y con toda naturalidad.

El gemido quejoso del cante flamenco es una plegaría que no encuentra consuelo ni perdón, pero esa intensidad, ese pico a pico con el baile, alguien me decía, garantizan un descuento por lo menos en el purgatorio, pues el demonio no creo que admita bailarines de flamenco en el infierno.


Armarían tal jaleo, que tendrían que venir los bomberos y se le acaba el negocio a Satanás.
Farruquito no tiene esa elegancia e incluso esa expresividad gestual que tenía el gran Antonio Gades, cuyas coreografía sobre algunas obras teatrales de Garcia Lorca en versión de baile flamenco son un ejemplo de transposición de un género a otro.

El talento de Farruquito es de otro tipo y creo que en aquellas piezas en las cuales confronta a la cantaora con el bailaor, si bien por momentos se puede percibir una confrontación poco a poco esta se convierte en dialogo y ambos llegan a una complementaridad de una belleza insuperable.



Por otro lado la precisión y coincidencia con los acordes finales de la guitarra o con el golpe del cajón es absoluta. Un artista en suma fuera de serie, que nos regaló un talento que ha alcanzado su plena madurez.

Jorge Smith

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